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Archive for the ‘Literatura’ Category

Acto de presencia

Hace ocho años, me hicieron el regalo de cumpleaños más precioso que se pueda recibir. Un regalo intangible y sin valor económico. El regalo de la amistad vertida en palabras.
Él ha sido, desde que lo conozco, uno de los grandes apoyos que siempre he tenido.
Te quiero, compañero.

ACTO DE PRESENCIA por Phil Manzaneque
A: Anna Esteban

Emerges de la noche, dejando la noche huérfana,
dejando la noche triste, amparada en sus estrellas.
Cabizbaja y taciturna. sauce negro de niebla,
refulge, gime y derrama, fuente infinita de ausencias,
su larga cabellera de oquedades,
sobre el liso contorno gris de las piedras
Emerges de la noche, que se conmueve y se quiebra
Serpentea un fugaz murmullo interminable de hojas secas.
bajo el bordado insomne de plataneros y palmeras.
la oscuridad se acurruca, en un ladito de la puerta
que se te rinde dócilmente bajo tus manos abiertas
Emerges de la noche, muérdago y madreselva.
Una tarantela de azucenas tiembla en tus labios,
y tiembla en tus ojos, una mirada inquieta.
Recoges las miradas para hacerte una diadema,
Para poder coronarte reina de las cosas.
Reina de las cosas pequeñas. Proclamas solemnemente
el color azul, el blanco, el rojo, el añil, el magenta,
nombras Caballeros a los pinceles y los lápices.
Y cónsules honorarios a las libretas.
Coronas el beso que madura como trigo en las mejillas,
Reblandece el corazón y calma el ansia del alma desnutrida.
abres las jaulas de tinta que encierran las palabras,
que se sumergen transparentes en el aire infinito
ordenas la música cisne de alas abiertas,
Del óbolo la imaginación haces un emblema
Que reluce sobre tu escudo rodeado de estrellas.
Y un oleaje de olas y de sonrisas abiertas en abanico
Danza, salta y se abre paso hasta tocar tu cabeza
Entonces sé del cierto (ninguna duda me queda)
Que la noche se a quedado sola esperando fuera
Ofuscada en su misterio, envuelta en su manto negro de niebla,
Aguarda vencida a que te vayas, dejando la puerta abierta.

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Marcel (5 de 5)

A los papás de Marcel se les había borrado la sonrisa de la cara.

Los psicólogos se iban pasando su expediente como si fuera una pelota. Mientras debajo de ellos, Marcel los contemplaba impotente, sin saber, a ciencia cierta, dónde estaba el problema.

No entendía por qué tenía que ir al médico, cuando no lo dolía nada.

Y en el fondo de sus pensamientos, cavilaba si le tendrían que pinchar, como cuando se cortó con la barandilla de la escalera y le tuvieron que poner la antitetánica.

¡De ninguna manera! Se dijo resolutivo. Aquella fue una mala experiencia que no quería que se repitiera.

Como cuando aquella vez que casi perdió el bañador en natación y todas las niñas de Tercero B le vieron el culo, o cuando aquella vez, cuando Spiderman se quedó sin tela de araña frente al Dr. Octopus y sólo quedaban dos minutos para que estallara la central nuclear de Metropolis.

Sin duda alguna, había que actuar por que una cosa es que te vean el culo o que explote una central nuclear y otra muy distinta que te tengan que poner una inyección enorme.

A la hora del patio, le volvieron a llamar a la sala de profesores.

Allí erguido como el palo de la bandera del colegio, estaba el psicoanalista.

Le saludó amablemente, como si hubieran cambiado cromos toda la vida y le invitó a que se sentara.

Encima de la gran mesa de reuniones, había una hoja y unos lápices de colores.

El psicoanalista, le pidió como un favor que volviera a hacer un dibujo con el caballero, la princesa y el dragón.

Marcel estaba ya un poco cansado de esta historia, pero dibujar le gustaba mucho más que que le pincharan, así que accedió sin hacer objeciones.

El doctor lo examinaba minucioso. Marcel, indiferente contemplaba las poisibilidades que ofrecía la gran mesa de reuniones como pista para jugar a las chapas. El doctor, suspiró largamente y le expuso el dibujo.

–         Vamos a ver Marcel, explícame esto – dijo señalando el dibujo.

–         ¿Explicar qué? – preguntó Marcel.

–         En el dibujo, se podía observar a una princesa armada con un enorme mandoble, luchando contra un caballero fuertemente armado, mientras desde la torre, un dragón con ojos de cordero degollado se estremecía con toda la violencia de la escena.

–         ¿Por qué? – insistió el psicoanalista.

–         El caballero ha secuestrado al dragón de la princesa y ésta va a rescatarlo – dijo Marcel triunfante, ante la desesperación del doctor.

Marcel había decidido cambiar un poquito la historia. Ya la había dibujado muchas veces y era realmente divertido engañar al doctor por que ponía unas caras rarísimas cada vez que se daba por vencido.

Y ésta última había sido la mejor de todas, la cara del doctor listillo estaba casi verde…

 

Al día siguiente, Marcel, asustado, esperaba con su madre en la cola del practicante a que le pusiera una de las cincuenta inyecciones que el doctor le había recetado.

El practicante lucía la misma sonrisa que el psiquiatra pero igual que él, mintió.

Le había dicho que no le dolería nada y Marcel no pudo sentarse hasta después de la merienda.

Aquella noche, Marcel entre lágrimas dibujó un castillo aterrador, y no mágico como lo que a él le gustaban, una princesa cobarde, que era incapaz de escaparse de un simple dragón ni siquiera de hacerse su amiga todo y el tiempo que llevaban juntos, un dragón malvado y feo y un guerrero también malvado pero guapo, aguerrido y que cantaba de maravilla.

Al día siguiente, Marcel le enseñó el dibujo a su madre, la cual corrió rápidamente a la consulta del doctor.

Éste observó el nuevo dibujo del niño y asintió satisfecho.

-Señora, gracias a los grandes avances de la ciencia médica, podemos afirmar que su hijo está curado.

Mientras tanto, Marcel ojeaba los dibujos que se hallaban en un pesado libro gris encima de la mesa del doctor.

Había una cantidad enorme de dibujos, había más dibujos que canicas tenía él.

Más dibujos que ejercicios tenía su libro de matemáticas.

En todos ellos, guerreros crueles y valientes luchaban contra dragones horribles para salvar a princesas rubias y tontas.

El doctor guardó el dibujo de Marcel en aquel pesado libro gris dejándolo en un alto estante de su despacho junto a otro montón de pesados libros grises.

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Marcel (4 de 5)

La princesa del domingo huyó sin mirar siquiera al caballero, la princesa del sábado lo miró de arriba abajo como si le sonara de algo, la princesa del viernes se rió del caballero por que había cantado muy mal todos esos días, las princesas del jueves y del miércoles se fueron juntas mirándose la una a la otra por que se conocían de muchos y muchos días, la princesa del martes se alegró de no tener que volver a oír los alaridos del caballero y después de darle las gracias se marchó sin darle tiempo a contestar no fuera el caso de que quisiera casarse con ella y la princesa del lunes se lo quedó mirando plantada delante de él. El caballero la miró y le sonrió, ella le sonrió también, él se acercó y ella también, él le tomó la mano y ella dejó que se la tomara. ¿Y tú por qué te has quedado si has tenido que soportar mis malas canciones todos los días? – preguntó el caballero que estaba de lo más frustrado. Ella le sonrió y siguió en silencio. El dragón del lunes que veía divertido la escena le explicó al caballero: -Yo conozco bien a la princesa del lunes. Hemos estado juntos desde el principio todos los días. Ella es sorda y no ha podido oír lo mal que cantabas, pero sí ha visto que pasara lo que pasase, has estados todos los días sin faltar uno intentando rescatarlas. Ha oído a su corazón ya que no ha podido oírte a ti. Y ha decidido quedarse contigo si tú quieres quedarte con ella. No seas tonto, yo las conozco a todas, es la mejor. Es mi princesa. Así que el caballero se montó en su caballo con la princesa y se fue del castillo. Los seis dragones restantes le dieron las gracias por librarles de la penuria de aguantar a las princesas y al dragón del lunes se le escapó una lagrimilla de felicidad. Y así se acaba la historia, ahora los siete dragones viven de vacaciones eternas con el castillo sólo para ellos.

(ánimo sólo queda uno más)

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Marcel (3 de 5)

Marcel pensaba que el doctor se estaba pasando de listo, pensaba que lo sabía todo de sus dibujos ¡y no sabía nada! Y lo que es peor ¿por qué pensaba que debía saberlo? Eran SUS dibujos y él dibujaba lo que quería. Pero era una persona mayor y le había dicho que dibujara un final a la historia del caballero que cntaba mal y esperaba el domingo.

Marcel pensó en qué haría él si fuese el caballero y lo dibujó.

A la mañana siguiente fue Marcel quien fe a ver al doctor.

Al abrir la puerta, el psicoanalista se sorprendió, y le asaltó una sensación espesa, mezcla de sorpresa, curiosidad y un cierto temor.

–         ¡Hombre, Marcel! ¿qué te trae por aquí?

Marcel decidió que el doctor además de no enterarse de nada, se volvía viejo ¡pero si me dijo que hiciera un nuevo dibujo! ¿es que ya no se acuerda? – Me dijo que hiciera un nuevo dibujo y se lo traigo – le espetó Marcel muy serio.

-Hum… así que un nuevo dibujo… vaya, bien… veamos…

Marcel había dibujado el castillo con las siete almenas, siete dragones con siete cabezas con cara de alivio estirados en la hierba tomando el sol que hacía emitir grandes destellos en siete cerraduras doradas que tenía el castillo.

-De acuerdo, Marcel – dijo regalándole de nuevo sus tres segundos de silencio habituales que incluso llegaron a convertirse en seis – ¿sabes? Esta vez no pienso descifrar lo que has dibujado. Cuéntamelo simplemente.

-¿No piensa ni siquiera intentarlo doctor? – preguntó Marcel con una malicia infantil terriblemente adulta.

-No Marcel – el doctor ya sabía que el niño iba a tomarle el pelo dijera lo que dijese, así que era mejor no esforzarse, sentarse cómodamente y disfrutar del relato de Marcel.

-Muy bien, doctor – empezó Marcel con decisión empezó a pasearse por la habitación con las manos entrelazadas e la espalda imitando al doctor, le brindó al hombre los tres segundos de rigor e inició su discurso – Al principio había pensado que lo mejor para el caballero era que cuantas más princesas consiguiera mayora era la posibilidad de que alguna se quedara con él, pero luego se me ocurrió que si yo fuera el caballero el hecho de que se marcharan veintisiete y sólo quedase una hubiese sido un poco humillante, así que el caballero Marcel lo que hace es que canta igual, se hace amigo del dragón, y el dragón le cuenta el secreto de las princesas.

Entonces el caballero se entera, no sé si a su pesar o para su alivio, que las princesas no son diferentes cada día, si no que sólo se añade una y que nunca hubiese conseguido veintiocho princesas ¡son muchas princesas hasta para un dragón tan fiero como aquél!

Como el caballero y el dragón eran amiguísimos, éste le confesó que las princesas eran un poco pesaditas y que se las podía llevar a todas si quería, casi le suplicaba que se las llevara, cosa que hizo sospechar al caballero.

¿Qué iba a hacer él con un puñado de niñatas como las de su clase?

Pero bueno, sólo por liberar al dragón de tan pesada carga, las liberó, sólo tuvo que tocar con la mano las cerraduras doradas por que no eran doradas por que fueran de oro, eran doradas por que eran de sol, y al tocarlas se desvanecieron, y se abrieron las puertas de par en par.

¿Me da un poco de agua doctor? – se interrumpió Marcel, y es que estaba seco de tanto hablar.

El doctor le dio un vaso enorme de agua rapidísimamente, casi se le cayó de la prisa, por que estaba fascinado por la historia del niño ¿qué se le habría ocurrido? Se le estaba yendo todo de las manos.

Después de beber, Marcel dejó el vaso tranquilamente encima de la mesa y se puso a mirar por la ventana mientras proseguía su historia.

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Marcel (2 de 5)

Marcel se aburría muchísimo en la clase de matemáticas y sacó su cuaderno, vio a su caballero pensativo.

De pronto, como una descarga eléctrica, empezó a dibujar.

-Bueno, Marcel, nos vemos de nuevo, amigo – Saludó el psicoanalista cuando le abrió la puerta.

Marcel pensaba que nunca había jugado con el doctor a fútbol por lo tanto no recordaba que fuera amigo suyo.

-Me han dicho que has hecho un nuevo dibujo del caballero que esperaba siempre el domingo.

Marcel asintió de mala gana recordando cómo la maestra de matemáticas le había robado SU cuaderno.

-Veamos…- volvió a regalarle dos segundos de silencio como de costumbre y prosiguió.

-¿Qué está haciendo esta vez el caballero?

Realmente el doctor era un poco tonto ¿no ve que está cantando?

–         ¿Y por qué canta? Ah, ya sé, para enamorar a la princesa que por cierto, veo que sólo hay un dragón, una princesa, un castillo… por fin se ha dado cuenta de que es mejor luchar en lunes ¿no?

–         -No – suspiró Marcel con resignación, desde luego es que este doctor no se entera de nada…-canta para gustar al dragón.

–         ¿Al dragón? – el psicoanalista se iba poniendo nervioso por momentos y su inconsciente le recordaba cierta historia de animales que siempre obligaba a su cerebro a olvidar.

–         Sí al dragón, para vencerle.

–         Claro, porque la música amansa a las fieras, así el dragón se duerme y puede rescatar a la princesa.

–         Noooo, así el dragón se parte de risa porque el caballero canta muy, muy mal. Es caballero, no trovador y poco a poco se va haciendo amigo del dragón. Así, día a día, va haciéndose amigo de todos los dragones de todos los días, así cada día conseguirá a las princesas. Había pensado que por qué conformarse con siete princesas si puede conseguir veintiocho…

–         ¿Veintiocho?

–         Claro, el lunes habrá una, el martes habrá dos, el miércoles habrá tres… si las rescata a todas cada día, tendrá veintiocho princesas para el solo…. – dijo Marcel con un brillo soñador en los ojos…

 

El psicoanalista se sentía tan frustrado como en sus años de estudiante cuando tenía que suplicar y suplicar a los profesores para que le aprobaran las asignaturas. Y es que no daba una con Marcel, así que le propuso un nuevo dibujo.

-Oye, Marcel – dijo adoptando una falsa voz de complicidad que no convenció para nada al niño – ¿por qué no me dibujas el final de la historia?

-Pues me lo tendré que pensar porque al caballero le va a costar mucho hacerse amigo de los dragones. ¿Sabe qué pasa?

El caballero ha pensado que mejor conseguir veintiocho princesas por que puede tardar mucho en conseguir que los dragones se rían de él lo suficiente como para no darse cuenta de que se las lleva. Pueden pasar muchos años y que las princesas sean viejas, entonces sólo se quedará con la que sea más hermosa por dentro, o puede rescatarlas enseguida y a lo mejor, resulta que como son todavía jóvenes, guapas y desagradecidas, se larguen todas con caballeros que sepan cantar.

-Hombre, sería muy mala suerte que absolutamente todas las princesas se fueran a por otro caballero – respondió anonadado el psicoanalista.

-Por eso quiere salvar a las veintiocho, para que haya más posibilidades de que alguna se quede con él.

(continuará…)

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Marcel (1 de 5)

Hace muchos años, Phil y yo escribimos esta historia. Aquellas fueron noches mágicas… y siempre en la distancia.

MARCEL

Marcel dibujó en su cuaderno un castillo con siete almenas que encerraban siete princesas y siete dragones con siete cabezas que vigilaban las siete puertas cerradas con cerraduras doradas del castillo y a un caballero taciturno que enredado en sus pensamientos contemplaba con impotencia el castillo.

 

-Es extraño – se reiteró el psicoanalista y regaló dos o tres segundos más al silencio antes de continuar – Es muy extraña esta postura del guerrero. –Miren, miren- señalaba hacia la espada que el guerrero habia abandonado en el suelo –lo normal es que el caballero en posición desafiante, esgrimiera la espada ensangrentada, mientras los dragones yacieran muertos decapitados en el suelo.

 

El psicoanalista sacó un enorme bloc de anillas donde guardaba doscientos dibujos de niños, con el guerrero empuñando la espada y el dragón decapitado. Los padres de Marcel, miraron atentamente todos los dibujos, cada uno parecía una copia de lo anterior.

 

-¿Qué podemos hacer? – preguntaron los padres angustiados.

-De momento nada –respondió resolutivo el doctor – pero sería de utilidad que pudiera interrogar a su hijo sobre el dibujo.

 

Los padres de Marcel accedieron inmediatamente, anhelantes por una solución para el grave problema de su hijo. El psicoanalista asintió con la cabeza y llamó a la enfermera por un pequeño interfono que se hallaba encima de su mesa y ésta apareció en pocos segundos seguida de Marcel. El doctor hizo sentarse a Marcel en una silla, le puso el dibujo delante, transformó el tono de su voz grave de erudito en un tono grave de erudito paternal, miró directamente a los ojos de Marcel y le dijo:

-A ver, Marcel ¿por qué no lucha el guerrero?

-No puede – susurró atemorizado Marcel.

-¿Y por qué no puede?

-Porque está pensando

-¿Y por qué está pensando?

-Porque tiene una duda.

-¿Y qué duda es ésa, Marcel?

-Duda por que es domingo.

-Ahhh – dijo el doctor- no quiere luchar porque es domingo y el domingo es fiesta y los caballeros no trabajan.

-No –respondió Marcel – No es eso. Si fuera de esa manera el caballero estaría en la playa.

-Entonces ¿por qué no lucha?

-Porque es domingo y hay siete dragones con siete cabezas y las siete puertas están cerradas con siete cerraduras doradas.

-Bueno –dijo el doctor –el jueves también habrá siete dragones.

-No, el jueves habrá cuatro dragones con cuatro cabezas y cuatro cerraduras doradas en cada una de las cuatro puertas.

-Ahh –dijo el doctor- y el martes ¿cuántos dragones habrá?

-Pues dos dragones con dos cabezas cada uno.

-¿Y es sábado?

-Pues seis dragones con seis cabezas.

-¿Y el miércoles?

-Uff, pues tres dragones con tres cabezas –dijo Marcel pensando en lo tonto que era el doctor ¿qué no se daba cuenta de lo obvio?

-¡Y tres puertas cerradas con tres cerraduras doradas! – contestó alegre el doctor.

-Exacto… –dijo Marcel pensado que el doctor se creía muy listo habiendo adivinado algo después de media hora de haberlo dejado todo claro ¡qué listísimo que es el doctor!

-Claro –dijo el doctor- el guerrero está esperando a que sea lunes y sólo haya un dragón con una sola cabeza y una sola cerradura en la única puerta del castillo.

-Nooo

-¿Cómo que no?

-Pues no, porque el lunes sólo habrá una princesa que rescatar, mientras que el domingo hay siete y por eso duda el caballero, porque no sabe si enfrentarse a los siete dragones y liberar a todas las princesas o esperar al lunes.

-Pues que se enfrente a los siete dragones, total…

-Es que siete dragones son mucho dragones, incluso para un guerrero tan valiente como éste.

(continuará…) 

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Los que me conocen saben que soy lectora compulsiva. Lo leo todo. No importa que sea un botella de champú (incluso si no estoy en el gran trono) como los ingredientes de lo que compro en el supermercado (aunque estén en griego, que así practico lo poco del alfabeto que aprendí en BUP) pasando por revistas de motos, el periódico en los bares, los anuncios del metro de Moscú entre trayectos (hay que practicar el cirílico que allí se estila mucho) hasta la literatura pura y dura tanto en formato digital como tradicional.

En literatura, no es que no tenga criterio como afirma mi buen amigo Phil, es que necesito leerlo todo para en el caso de tener que desprestigiar a un autor poder hacerlo con la conciencia tranquila y conocimiento de causa. No puede criticarse nada, ni constructiva ni destructivamente sin haberlo experimentado previamente en las carnes. ¿No creen?

Y aquí entra el Chick Lit. Para quién no sepa todavía lo que es, lo explico por encima. Según la Wikipédia (http://es.wikipedia.org/wiki/Chick_lit) la entrada merece la pena leerla entera, aquí sólo copio una pequeña parte:

“ Chick Lit es un género de la novela romántica, que actualmente está en auge, escrito y dirigido para mujeres jóvenes, especialmente solteras, que trabajan y están entre los veinte y treinta años.”

Y así son sus protagonistas y sigue…

“El género se definió como un tipo de post-feminismo que iba más allá de presentar a la mujer como una víctima dependiente del criterio masculino para encontrar su propia valía. El género pretendió mostrar la extensa gama de experiencias que atraviesa la mujer actual, incluyendo el amor, noviazgo y los problemas de género. La compilación hizo hincapié en trabajos experimentales, incluyendo temas violentos, sexuales y perversos.”

Y descrito así parece que sea un género hasta serio oye, y lo de incluir temas violentos, sexuales y perversos tiene su morbo para qué negarlo… ¿Siguen sin saber de lo que hablo? Bien, si les digo:

“El diario de Bridget Jones” (Helen Fielding), “El diablo se viste de Prada” (Lauren Weisberger) o “Sexo en Nueva York” (Candace Bushnell) ¿qué me dicen? ¿les va sonando algo?

Y me dirán, pero eso no es lo descrito arriba. Si han leído los libros y recomiendo encarecidamente que los lean, las mujeres porque disfrutarán y los hombres por que conocerán más a las mujeres, técnicamente sí lo es pero desde una perspectiva un poco libre.

En serio, para mí son libros frescos, de vocabulario informal y sobre mujeres que nada tienen que ver con nosotras. ¡Están todas locas! Además de que viven en la Dimensión Desconocida.

Vamos a ver, analicémonos a nosotras mismas con un pequeño test:

– Quién de nosotras trabaja en: una revista de moda/periódico/editorial (El diablo…, Bridget Jones, Cómo ser lo más de Nueva York), una marca de cosmética de alto standing (¿Hay alguien ahí afuera?), de relaciones públicas de hoteles de cierto prestigio (Rachel se va de viaje). Eso si sois blancas y europeas/norteamericanas.

– Las latinas no os escondáis que os veo ¿cuántas de vosotras sois vicepresidentas de una gran compañía, esposas amantísimas de un abogado de gran prestigio, presentadoras de un programa matutino de gran audiencia, fundadoras de una revista de moda, cantantes de rock de éxito o reporteras de un periódico. Pues todo eso son las protagonistas de El Club de las Chicas Temerarias.

Ok, sigamos. Quizá alguna se ha visto representado su mundo laboral aunque sea de refilón con estas mujeres, para vosotras va la segunda pregunta:

Mírate los pies y dime si tus zapatos son de las siguientes marcas: Manolo, Jimmy Choo o Loubouttin. Eh no hagas trampas, esos zapatos que tienes en el armario para ocasiones especiales no, si no ésos que te pones cada día para ir a la oficina y de salida pasarte por el súper.

¿El bolso que llevas ahora mismo es un Birkin de Hermés?

Si tu respuesta ha sido un no rotundo, rotundamente no eres una chica Chick Lit, por lo tanto de ninguna de las maneras el Chick Lit nos puede representar a la gran mayoría de las mujeres con los problemas, circunstancias y vivencias de la gran mayoría de las mujeres.

No son libros que pretendan “ir más allá de presentar a la mujer como una víctima dependiente del criterio masculino para encontrar su propia valía”, el objetivo de la lectora es divertirse con los problemas banales de unas locas con unos trabajos que no conseguiremos ni en nuestros sueños más salvajes y unos tíos buenorros que además son románticos, comprensivos, viriles y que huelen de maravilla que sólo existen la imaginación femenina.

Ellas no tienen problemas para llegar a final de mes, pagar la hipoteca, tener una raya de palmo en la raíz del pelo por que no tienes un minuto de tiempo para ir a la pelu y cuando por fin lo tienes tu hijo necesita unas bambas.

Trabajas en una oficina, en una tienda, en una línea de producción, eres maestra, teleoperadora o comercial industrial como yo, que me muevo en el glamouroso mundo de las máquinas serradoras de madera.

Pero gracias a Dios no tenemos los problemones de estas mujeres y es que sus jefas las esclavizan para usar la talla 38, hacen la dieta del abecedario (un día comen albaricoques, alcachofas y acelgas y al día siguiente la tienen que dejar por que tocan bollos, bizcochos y boquerones en vinagre con pan, aunque también pueden comer brócoli pero no es tan sabroso….), tienen problemas con la cocaína por que su trabajo consiste en ir de fiesta en fiesta hasta altas horas de la madrugada (Jesús, que estrés), no saben decidirse entre el pretendiente canalla y el pretendiente modosito, ¡¡¡ pero si yo ni siquiera tengo pretendiente!!! o tener que dejarse ver con el cachas de moda por exigencias de su puesto de trabajo (des de luego que asco, ir de fiesta en fiesta con un cachas…)

Buenísimo uno de los problemillas secundarios del último libro que estoy leyendo “A girls guide to vampires”. Imaginaos que os vais de vacaciones con una amiga a la República Checa y el primer día os da un vahído y por casualidad anda por ahí un pedazo de tío de 1,90 que es capaz de llevaros en brazos tres pisos escaleras arriba sin resoplar, guapo hasta matar, con los ojos de color ámbar (¿ámbar? ¡Pero si eso es amarillo yema huevo! ¿Quién tiene los ojos de ese color?) Al cual no sólo os lo ligáis al día siguiente si no que además os lo tiráis y vuestra máxima preocupación en el momento clave ¡es el tamaño enorme de su miembro! ¡¿¡ Pero qué clase de problema es ése ?!? Eso es como decía mi abuela “Falta de hambre y los morros muy llenos de pan” hombre, hacerle ascos a semejante ejemplar…

Lo dicho, frivolidad pura y dura para pasar ratos partiéndose de risa y soñando con un mundo ideal que mal que nos pese y por muy íntegras y realistas que seamos también nos gustaría vivir.

Y a ellos, leed algún libro de estos, hombre, por que al fin y al cabo son libros escritos por mujeres, dirigido a mujeres hablando de lo que más les gusta a las mujeres y entre tanta marca de bolsos y dietas extrañas y tíos que no se parecen en nada a vosotros (eh, no os frustréis, es simplemente por que no existen) hay una gran verdad y es el pensamiento más profundo de las mujeres, qué es lo que nos hace sufrir, lo que nos enamora y qué sentimientos afloran como respuesta al acto más insignificante del que tenemos al lado. Es una forma más de comprendernos. Somos complejas y nos gusta serlo.

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